Niños

La infancia es el periodo de la vida en el que aprendemos a relacionarnos con el mundo que nos rodea. Las primeras relaciones de los niños se producen en la familia, principalmente con los padres. De ellos aprenden a interpretar sus propias sensaciones, emociones y pensamientos, y a actuar en función de ellos.

Durante los primeros años de vida, los niños aún no tienen herramientas para protegerse psicológicamente de las circunstancias externas. Su sistema cognitivo es aún muy precario y no pueden encontrar explicación a lo que les sucede. Sin embargo, lo pueden vivir con gran intensidad emocional y sensorial. Esto les hace muy vulnerables ante la adversidad. No sólo ante la que viven ellos directamente, sino ante la que viven las personas con las que están en contacto.

Un niño hará cualquier cosa por obtener el cariño de las personas de las que depende y por no contrariarles. Por eso, aceptará como adecuado cualquier trato que éstos tengan con él, incluido el maltrato, el abandono, etc. De ahí que los hechos traumáticos vividos por el niño en las primeras etapas de vida, e incluso las que viva su madre durante su gestación, pueden dejar en él huellas importantes que permanecen a lo largo de su vida, pudiendo condicionar sus reacciones emocionales y dar lugar a sentimientos y actitudes a los que difícilmente puede encontrarle sentido.

La conducta inadecuada de los niños suele ser la primera señal detectada por sus padres indicando que algo no anda bien. Sin embargo, el comportamiento del niño suele ser el resultado de lo que los demás están haciendo con él. Los niños aprenden por imitación, y les afecta especialmente la forma en que son tratados. Si un niño es ignorado, reclamará atención; si es exigido, aprenderá a exigir; si es odiado, aprenderá a odiar y si es agredido, aprenderá a agredir. Del mismo modo, si es respetado, aprenderá a respetar y si es querido, aprenderá a querer.

Ponerle límites al niño no consiste en imponerle prohibiciones y castigos, sino en que los adultos le muestren con claridad y firmeza cuáles son sus propios límites, es decir, lo que le permiten y lo que no le permiten. Y sobre todo, que los adultos respeten esos límites y los mantengan con coherencia. Esto ayuda a que el niño aprenda a respetar los límites de los demás y a establecer sus propios límites en base a sus necesidades, no a sus deseos. También les facilita aprender a manejar su espacio de privacidad y desde ahí, establecer relaciones armoniosas, basadas en el respeto a los demás.

El niño también puede poner más conciencia en lo que le sucede. Por medio del dibujo o el juego, el niño puede encontrar una forma de expresar sus sentimientos acorde a su etapa de crecimiento. También puede desarrollar nuevos recursos personales para afrontar las situaciones difíciles, vivirlas de otra forma e integrarlas.

Sin embargo, el origen de los problemas infantiles suele estar relacionado con la dinámica familiar y con la forma en que las personas significativas se están relacionando con él, especialmente sus padres.

 

 

 

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