La psicoterapia es cara

El dinero es una forma de energía que utilizamos en el intercambio con los demás para obtener lo que necesitamos. Como toda energía, es limitada. Cuando no disponemos de dinero suficiente para satisfacer todas nuestras necesidades, nos vemos obligados a establecer prioridades. De este modo, decidimos a qué necesidades dedicamos nuestra energía y a cuáles no.

Podemos comprobar el acierto de nuestra distribución de prioridades observando si, con la energía que dedicamos a satisfacer otras necesidades, conseguimos un grado razonable de bienestar, o por el contrario éste se ve afectado por nuestro nivel de sufrimiento. En este caso, no le estamos dedicando al sufrimiento la energía que realmente necesita.

Por tanto, la decisión de dedicar o no nuestra energía a un proceso terapéutico depende de la prioridad que cada uno asigna a su necesidad de vivir con menos sufrimiento.

El dinero va unido a la energía que la persona aporta a su proceso terapéutico para que éste pueda avanzar. Excepto en el caso de los menores o de personas dependientes económicamente, es importante que la persona pague la terapia con su propio dinero. De lo contrario, no estará aportando al proceso su propia energía, sino la de su benefactor (tal vez más interesado que él mismo en que haga terapia).

En lugar de recurrir a que otro pague su terapia, es necesario que la persona vuelva a revisar la prioridad que ha asignado a su necesidad de vivir con menos sufrimiento. Si realmente esa sigue siendo su prioridad, puede intentar negociar un aplazamiento temporal o alguna forma de pago asequible. O si lo prefiere, puede suspender el proceso durante un tiempo determinado.

Un proceso terapéutico es algo muy personal, que requiere la energía y la dedicación del propio cliente. Cualquier interferencia ajena que las pretenda suplantar será un obstáculo para la adecuada evolución del proceso.

 

 

  

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