Los Padres

Los padres son las figuras de referencia más importantes que aparecen en nuestra vida. La relación con ellos marca de forma importante nuestro funcionamiento con los demás. Gran parte de lo que somos, procede de la forma de ser de nuestros padres o de la forma en que aprendimos a relacionarnos con ellos.

Las actitudes de nuestros padres que más nos molestan, pueden producirnos un rechazo hacia ellos. Sin embargo, forman parte de lo que hemos recibido de ellos. Cuanto más nos queramos alejar de las actitudes de nuestros padres que nos producen rechazo, más acabaremos pareciéndonos a ellos. Si no ponemos conciencia en lo que está sucediendo en nosotros mismos, acabaremos repitiendo exactamente lo mismo que ellos hicieron.

Muchos de nuestros comportamientos habituales también surgieron como defensa a situaciones traumáticas de diversa intensidad, vividas en los primeros años de vida. Nuestras reacciones defensivas ante situaciones vividas como abuso, rechazo, abandono, desvalorización, culpabilización, etc. dan lugar a patrones de comportamiento que, con el tiempo, se automatizan. Es la forma que aprendimos para poder dejar el trauma y el dolor fuera de la conciencia. De este modo, en determinadas áreas de nuestra vida, comenzamos a actuar sin conciencia.

Esas reacciones ante el dolor, surgidas en nuestras primeras relaciones, o aprendidas al ver cómo las utilizaban nuestro padre o nuestra madre, forman parte de lo que somos, nos guste o no. El problema surge cuando continúan influyendo, sin darnos cuenta, en nuestra forma actual de relacionarnos con los demás. Cada vez que reaccionamos ante alguien de una forma exagerada con respecto a la situación, suele ser porque lo que está sucediendo ahora lo estamos viviendo como si se tratara de la misma situación traumática que sucedió en el pasado.

Poner más conciencia en nuestro modo habitual y automático de comportamiento nos permite descubrir las situaciones inconclusas del pasado que dieron origen a esas defensas que continúan interfiriendo con nuestra vida presente, hasta que las resolvamos. Una simple escena cotidiana puede reavivar el dolor provocado por una situación semejante que vivimos en algún momento de nuestro pasado. Ser conscientes de esto, nos permite responder de la forma más adecuada en cada situación, en lugar de reaccionar sin conciencia a aquello que estamos percibiendo como amenazante o perturbador sin que llegue a serlo.

 

 

 

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